8 de Junio, Día del Trabajador Jurídico

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Por: Belkis Nieblas López

El 8 de junio fue instituido en Cuba como Día del Trabajador Jurídico para recordar que en igual día, pero en 1865, Ignacio Agramonte desarrolló su Tesis de Grado para recibirse como licenciado de la Facultad de Derecho ante el tribunal compuesto por los doctores José Domingo Guerrero, José Manuel Mestre y Bernardo del Riesgo. El tema escogido era un “Estudio bajo el punto de vista del principio racional, sobre el derecho reformado por Justiniano en comparación con el anterior a su época”. Obtuvo sobresaliente.

Inicialmente se denominó Día del Abogado, por la costumbre de la época de llamar Abogado a todos los juristas. Después del Triunfo de la Revolución pasó a nombrarse, con más propiedad, Día del Jurista, y finalmente se adoptó la actual denominación: Día del Trabajador Jurídico, título más apropiado y justo pues comprende no sólo a los juristas sino también a todos los trabajadores que les auxilian en sus tareas.

Denonado defensor de la eliminación de la esclavitud, Agramonte aspiraba a una República democrática, ideas que quedaron plasmadas en la Constitución de Guáimaro, redactada por él.

Por su elevado prestigio político y encendida oratoria, resultó electo en la Asamblea Constituyente de Guáimaro, como Representante de la Cámara y secretario de la misma, posición a la que renuncia en 1869 para ocupar el cargo de Mayor General de la División de Camagüey al comprender que el problema fundamental de la naciente República de Cuba en Armas era el de la guerra.

José Martí, conocedor de los incuestionables méritos del Mayor, expresó: “¡Acaso no hay otro hombre que en grado semejante haya sometido en horas de tumulto su autoridad natural a la de la patria! ¡Acaso no haya romance más bello que el de aquel guerrero, que volvía de sus glorias a descansar, en la casa de palmas, junto a su novia y su hijo!”

Y al referirse a cómo reaccionó al iniciarse la lucha por la independencia de Cuba, también expresó: “Pero vino la guerra, domó de la primera embestida la soberbia natural, y se le vio por la fuerza del cuerpo, la exaltación de la virtud. Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella. Su luz era así, como la que dan los astros, y al recordarlo, suelen sus amigos hablar de él con unción, como se habla en las noches claras, y como si llevasen descubierta la cabeza.”

Honrado se sentiría el inteligente y bravo guerrero, el ilustre abogado camagüeyano, de ver reflejados sus sueños de justicia y libertad en los hombres y mujeres encargados de cumplir y hacer cumplir las leyes cubanas con la mayor justeza. (Con datos de Ecured.cu y Habana Radio)