Benito Ortiz Borrell, el pintor de la ciudad

Por: Juan Carlos Naranjo

Invoco al pintor de la ciudad porque este 25 de abril se cumplen 125 años de su natalicio. Invoco a Benito Ortiz Borrell, el creador primitivista que fue además aguador, zapatero, cortador de caña y cartero, este último oficio lo ejerció casi hasta el final de sus días. Lo invoco porque en medio de su humildad dio loas al terruño.

Y es que el artista, autodidacta por demás, con un estilo sui géneris ofrece la imagen de Trinidad en una combinación de ingenuo realismo y la magia propia de su fantasía creadora. Carga emocional tiene su arte que trata de reinterpretar la realidad.

La misma realidad que le tocó vivir al niño que creció en la ciudad vieja. Las majestuosas casonas y las calles Boca, Amargura, Desengaño, Real con sus chinas pelonas asaltaron el intelecto del muchacho pobre, que alcanzó escasos grados de la enseñanza primaria.

Muchos admiran en sus piezas a un autor primitivo de amplios valores estéticos que refleja temas históricos, arquitectónicos e imaginarios en disímiles soportes.

La proporción, el ritmo, el espacio y el tiempo son recurrentes en sus representaciones, el uso de colores puros y el alto nivel de contraste entre unos y otros, también.

Agradecido fue el artista pues a las puertas que  se le abrían como cartero, se le sumaron otras como pintor Y es que tras la alborada del 59, la naciente Revolución, el artífice cultivó su autodidactismo. Se integró al taller abierto para todos en la Biblioteca Gustavo Izquierdo. Era la expansión cultural anunciada por Fidel.

En el epílogo de su existencia, integró las filas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), recibió la Distinción por la Cultura cubana, y se le dedicaron jornadas a su obra, aunque la celebridad en mayor dimensión le llegó después de la muerte ocurrida el veintiocho de julio de 1989.

La galería de Arte Universal de Trinidad lleva su nombre, lo mismo que el Salón de Arte Popular que anualmente promueve dicha institución. Benito Ortiz Borrell ha creado escuela. Los jóvenes cultivadores del estilo naif siguen su rastro.

Hoy el cartero-pintor retorna a mi memoria, no solo por su fecha de natalicio, sino por la quietud que emana de sus paisajes: la Trinidad de sus cuadros se parece mucho a la de estos días, marcada por la pandemia. Y es que en ambas se esfuma la gente y el bullicio citadino. Pasa, que todos se quieren salvar.

NOTA DEL AUTOR: Fue consultado un trabajo investigativo de la autoría de Bárbara Venegas y William Saroza, de noviembre de 1989.