El adiós a un grande

Foto: Archivo

Por: Joaquín Gómez Serra

 La pesadilla  vuelve a nuestras memorias. Este domingo 22 de marzo, a las 12.25 de la madrugada, hace dos años, dejó de existir Gabriel Alexander Alvarez González. Con su deceso, Alex, como le decíamos, pasó a la eternidad y a un altar de lujo del baloncesto de Sancti Spíritus.

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El tiempo, ese maldito que pasa raudo e imperecedero, también nos lleva a pensar en el trofeo y la medalla de oro que desde tu lecho de muerte, tus “niñas” como tú le decías, te llevaron para que los tocaras, y disfrutaras.

Pero la gloria se perturbó por el dolor y las lágrimas, y tú Alexander, el formador de tus campeonas del baloncesto espirituano, no pudiste ni palpar, ni gozar el trofeo, que sólo ganan los grandes, y nos dejaste con un vacío en el deporte de los aros y las canastas.

Y vuelvo a escribir un réquiem por un amigo grande, luchador, peleón, pero ante todo humano y hombre, en todo lo inmenso de su estatura. Y rememoro la Sala Yara, colmada de pueblo en el recibimiento a nuestras campeonas del baloncesto, y a una Marlene Cepeda, con sus ojos bañados por las lágrimas y la voz entrecortada por el dolor, cuando expresó:  “Alexander lo prometió”, y a coro tus niñas, gritaron: “y lo logró”.

La vida te hizo una mala pasada, porque este 20 de marzo, hubieras cumplido 50 años. Y recuerdo cómo aquel día en la sala de terapia intensiva del Hospital Clínico Quirúrgico Docente Camilo Cienfuegos, recibiste en tu pecho la medalla de campeón del más creativo de los deportes de conjunto.

Y con la voz entrecortada por la muerte, expresaste: “doy gracias a las niñas, y muy contento, a pesar de lo que estoy pasando, me siento muy satisfecho, no me podían hacer quedar mal porque estaba con ellas en cada momento. Felicidades, ellas saben que yo las amo a todas”.

Qué cosas tiene la vida, escalaste la cima, y no lo puedes disfrutar. A pesar del irreversible tiempo, aunque sé que no estabas ni estarás, nunca más, se me antoja verte, con la medalla dorada en tu pecho, paseando y festejando por las calles la victoria, algo inédito, algo histórico, que tú Alexander, formaste, creaste e hiciste realidad.

Te veo como figura gigante de ébano debajo de los aros, junto a Yamara, Marlene, Eylen o recibiendo un pase de Yoanna, levantándote por la zona pintada de tres, y encestando una canasta, de victoria, de fe en la vida, pero la pancreatitis hemorrágica y el destino no lo quiso así.

Es difícil recordarte, dos años después, en ese ataúd de gris, con la chaqueta roja, rodeado de esa madera inerte, que te comprimía, y que no dejaba moverte como lo que fuiste, un felino, que nunca se sentó en el banquillo de mando en una cancha de baloncesto, que caminaba, que sudaba, que se levantaba o gardeaba, que defendía una bola, que daba órdenes a tus niñas, que le peleabas, pero que también las mimabas, como ese padre que quiere lo mejor para sus hijas.

Inmortalizar ese adiós definitivo, las lágrimas y el llanto amargo de la familia del baloncesto espirituano, aún llega cruel. Y rememoro, la canción del grupo Tercer Cielo, cuando dice: “ojalá pudiera devolver el tiempo para verte de nuevo, para darte un abrazo, mas comprendo que llegó tu tiempo, que Dios te ha llamado para estar a su lado, así él lo quiso…..”

Y sólo me queda decir, hasta siempre mi hermano.