Resignada a las interpretaciones actuales de su legado patrimonial, Trinidad cede terreno en cuestiones tradicionales como único garante de no naufragar en el mare mágnum de la contemporaneidad
De vez en cuando Trinidad debe sacudirse los recuerdos y aceptar, aunque le pese, el transcurso del tiempo, la vorágine del siglo XXI, el nuevo prisma con que sus hijos la ven, la reinterpretación de lo que un día devino paradigma para Cuba. De lo contrario, cada año regresará el dejà vú, los paralelismos con la era dorada, acompañados de las evocaciones.
Todo será en vano: la tercera villa reacomoda sus tradiciones (aunque los expertos insistan que lo tradicional no cambia) ante los aprietos financieros y la dinámica de los nuevos tiempos. Continuar leyendo «Trinidad: Sin concesiones a la nostalgia»



Por: Alipio Martínez Romero
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El evento se ratifica como espacio de debate sobre el devenir histórico y cultural de la tercera villa, a la vez de punto de partida para análisis apegados a la actualidad.
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Primero llegaron los símbolos: la insignia nacional, los grados del general trinitario Lino Pérez, héroe de las tres guerras de independencia, la partitura de El Cocuyé, pieza con que José Manuel Jiménez Berroa, el músico que llevó las sonoridades de la Ciudad Museo hasta las capitales europeas, el traje con que Amador Ramírez convirtió al Ballet Folclórico en referente del rescate de tradiciones africanas, la carta de nombramiento de la villa sureña como Patrimonio de la Humanidad, el fusil de Santiago Gutiérrez (Sergio, el bandido, como se le conoció en el campo de batalla) y el certificado del combatiente Renán Turiño en la epopeya de Angola. Todo en mano de los jóvenes.